Siul Emiaj tiene muchos gestos intelectuales. Detengo el lápiz que he tomado para dibujar su rostro.
Lo tengo frente a mi, con una cara seria que espera en su propio recogimiento unir sus rasgos
para dar el reflejo de si mismo y sin embargo conserva esa soltura grave con que se ha mirado ante
el espejo.
¿Intelectuales?
He aquí su pregunta nerviosa, Por eso he detenido el lápiz para medir los ángulos de su cara cortada
en centros nerviosos que palpitan como si contuvieran círculos de agua vibrante.
Lo quiero en estos momentos de concentrada esperanza mas que cuando se embarca muy seguro
de si mismo con sus remos de tantas y tantas palabras. Hay algo filoso de animal en su mirada, pero
el filo se mella contra la piedra pesada de su deseo de contundencias, igual la claridad enturbia con
el borbollon quejoso de sus aspiraciones a la luz rotunda, así también el sentimiento se enfría en el
alcance desordenado de trascendencias heridas desde un principio por la mezcla de lo cotidiano con
las palabras y el tono sustantivos y la impotencia del lenguaje en su velocidad para responder a la ráfaga
de cambios interiores y cuando parece que va a destrozar la torre de palabras con un gesto decisivo, Siul Emiaj
alza sus ojos por sus ojos. Allí esta claro, tierno, respira como un niño jadeante. Entonces arrepiente sus
conclusiones con suaves concejos para que crezca olímpico, olvida el toque intelectual con una aspiración de aire, viento, sol, luz, sus pensamientos se confunden con sus intenciones y los manotazos de su ternura mueven un aire espeso de audacias balbuceantes mientras se pierde en el paisaje que asoma puntas verdes y lejanas, los ojos fijos
junto a su respiración ávida caída desde el centro de su soledad para apresar y retener lo que encuentra a su paso.
No es sino en este momento que Luis se levanta para ver mi dibujo de Siul Emiaj. Se que no le gustara.
Estoy invadiendo un tanto su propiedad y aunque disimule su egoísmo, el dejo de resentimiento pintara distancias concesivas y acercamientos disimulados.
Podría decir que los rasgos están bien...es sin duda Siul Emiaj; pero esa expresión... no se algo se ha escapado.
Quizás es demasiado ilustrativo, fiel a sus propias lineas, pero no tiene pasión...
La pasión solo la puede tener uno mismo.
¿Hasta donde se puede pintar la vida?
Hasta donde cada cual la quiera encontrar
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